
Nunca pensé que un refresco pudiera desatar el fetichismo. Hasta ahora. Me ha ocurrido algo insólito. Cruzarme con un camión repartidor y subirme las pulsaciones. Estaba repleto de Mirindas. Y claro, frené en seco.
Me quedé pegada a los barrotes que sujetaban los cascos, empecé a palpar las botellas con el dedo índice mientras repetía: Mirinnnnda, Mirinnnnda, Mirindaaaaa. ¿Cómo puedo explicarlo? De repente sentí una corriente eléctrica, una sacudida de testosterona (las chicas también tenemos).
Me sentí tan machote como un conquistador del siglo XV. Menudo hallazgo. Así que las mirindas no son una peli. ¡Que existen de verdad!
Miré a mí alrededor, ¿es que alguien me está tomando el pelo? Estaba tan nerviosa que ni siquiera pregunté al repartidor dónde estaba descargando la mercancía para comprar una.
Tenía que regresar a casa para informarme. Cosa que no hice inmediatamente, porque en la India siempre surgen imprevistos por el camino y casi nunca se puede hacer lo que se quiere cuando uno quiere (aunque los europeos nos empeñemos en que sí y luego tengamos ataques de mala leche).
Pero a lo que iba. Por fin me he enterado. Las Mirindas no son el refresco de un demente. No. Alex Angulo no es el único privilegiado. Si venís a la India alguna vez podéis apuntarlas como un souvenir más al que dar caza.
Su sabor está muy conseguido, mejor que otras naranjadas. No es que Pépsico (su actual dueño) me esté pagando por escribir esto. Nunca me han sobornado ni me han regalado nada por escribir ni una línea, aunque una de mis aspiraciones sea convertirme en crítica gastronómica y comer por la cara.
Tampoco es que me pueda la emoción y me deje llevar por el terruño. Sí, la Mirinda es un invento español. Pero no la defiendo por eso.
Simplemente es insólito descubrir una bebida que sólo conocía a través de una película y un psicópata cuatrojos, y saber que en la vida real cuesta 40 rupias (seis céntimos de euro).
¿Os ha salido alguna vez tan barato dar un trago cinematográfico? Lo único que me ha bajado de mi nube caza-souvenir es descubrir que no es tan, tan especial.
La Mirinda se comercializa en la India y también se vende en Pakistán, Tailandia, Australia, Nueva Zelanda, China, Malasia, Singapur, Bangladesh, Medio Oriente, Serbia, Montenegro, Hungría, Rumanía, Polonia, Sudán, Etiopía, Sudáfrica, Brasil, Argentina, México, Uruguay, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala, Costa Rica, Venezuela, República Dominicana y las islas Canarias.
El refresco español fue comprado por una multinacional yanqui que la desalojó de los bares de la península ibérica para confinar su venta a Asia, África y Latinoamérica.
Mirindas asesinas
ea ya llego la SGAE, cada vez me caen peor
ResponderEliminar