
Es una frase que viene a la cabeza cuando estás separado de alguien especial viviendo algo especial. “Ojalá estuvieras aquí”.
Es una frase estupenda. Cuando me fijé en un libro de color fúcsia y con el mensaje, Wish you where here en letras doradas sobre su cubierta, quise quedarme con él inmediatamente.
Y me salí con la mía. Me han regalado las memorias del fotógrafo gay Sunil Gupta y he tenido la oportunidad de conocerle de carambola, mientras asistía al estreno de una película experimental, de mi vecina Pushpamala (donde vivo, Hauz Khas, todos son artistas, menos yo…).
Descubrir la escena gay en Nueva Delhi ha sido una sorpresa. La homosexualidad está penada con diez años de cárcel según el artículo 377. Pero hay una Diáspora con educación y recursos, entre ellos Sunil, cuya voz cada vez suena con más fuerza…
Aunque la de Gupta es una voz debilitada por el Sida, sus fotos hablan por él. Sus fotos normalizan el hecho de ser gay.
Algo así como: soy gay, existo, y también tengo una familia.
En su biografía de apetecible color gominola aparece por ejemplo, su madre llorando desconsolada justo en el momento en que le confiesa ser gay. (Los fotógrafos de verdad no se cortan un pelo en registrar momentos íntimos). Salen sus parientes, ex amantes y mejores amigos/as. También salen autorretratos suyos de jovencito posando con una actitud “lo más marica posible”.
Sunil ha vivido en Canadá (donde emigraron sus padres), en Nueva York (donde escapó para vivir libre su homosexualidad), en Londres (donde estudió fotografía) y en Nueva Delhi (donde nació y ha regresado ahora que los tiempos cambian).
Este verano, el 30 de junio, ocurrió un milagro. Se celebró por primera vez el Orgullo Gay. En un país de lo más impredecible.
Aquí las parejas heterosexuales tienen que mantener el decoro, nada de besarse en público. Ni siquiera las mujeres casadas abrazan espontáneamente a sus maridos en reuniones familiares, dentro de casa.
Sin embargo en la calle se ven constantemente chicos cogidos de la mano. ¿Cómo puede ser? Una de mis fotos favoritas de Sunil es ese holding hands de los hombres heterosexuales. Se abrazan, se acarician, se hacen arrumacos cuando van juntos en la moto, pero nunca lo harían con su propia novia.
Aquí los únicos que tienen derecho a manifestar “affection” son los hombres heterosexuales entre ellos. Me pregunto cómo se lo montan las mujeres heterosexuales, lesbianas y por supuesto gays para obtener sus dosis de cariño y afecto.
Gupta dice que “construir una relación en Delhi es más difícil que en ninguna parte”. Lo suscribo.
No hay muñequitos gays para coronar tartas matrimoniales, como sí hay en el Soho de Londres. Por eso me ha encogido el estómago descubrir la foto que Sunil hizo al escaparate de la susodicha Patisserie Valerie. Tenía delante de las narices un postre por el momento imposible de catar donde ha nacido.
Es una frase estupenda. Cuando me fijé en un libro de color fúcsia y con el mensaje, Wish you where here en letras doradas sobre su cubierta, quise quedarme con él inmediatamente.
Y me salí con la mía. Me han regalado las memorias del fotógrafo gay Sunil Gupta y he tenido la oportunidad de conocerle de carambola, mientras asistía al estreno de una película experimental, de mi vecina Pushpamala (donde vivo, Hauz Khas, todos son artistas, menos yo…).
Descubrir la escena gay en Nueva Delhi ha sido una sorpresa. La homosexualidad está penada con diez años de cárcel según el artículo 377. Pero hay una Diáspora con educación y recursos, entre ellos Sunil, cuya voz cada vez suena con más fuerza…
Aunque la de Gupta es una voz debilitada por el Sida, sus fotos hablan por él. Sus fotos normalizan el hecho de ser gay.
Algo así como: soy gay, existo, y también tengo una familia.
En su biografía de apetecible color gominola aparece por ejemplo, su madre llorando desconsolada justo en el momento en que le confiesa ser gay. (Los fotógrafos de verdad no se cortan un pelo en registrar momentos íntimos). Salen sus parientes, ex amantes y mejores amigos/as. También salen autorretratos suyos de jovencito posando con una actitud “lo más marica posible”.
Sunil ha vivido en Canadá (donde emigraron sus padres), en Nueva York (donde escapó para vivir libre su homosexualidad), en Londres (donde estudió fotografía) y en Nueva Delhi (donde nació y ha regresado ahora que los tiempos cambian).
Este verano, el 30 de junio, ocurrió un milagro. Se celebró por primera vez el Orgullo Gay. En un país de lo más impredecible.
Aquí las parejas heterosexuales tienen que mantener el decoro, nada de besarse en público. Ni siquiera las mujeres casadas abrazan espontáneamente a sus maridos en reuniones familiares, dentro de casa.
Sin embargo en la calle se ven constantemente chicos cogidos de la mano. ¿Cómo puede ser? Una de mis fotos favoritas de Sunil es ese holding hands de los hombres heterosexuales. Se abrazan, se acarician, se hacen arrumacos cuando van juntos en la moto, pero nunca lo harían con su propia novia.
Aquí los únicos que tienen derecho a manifestar “affection” son los hombres heterosexuales entre ellos. Me pregunto cómo se lo montan las mujeres heterosexuales, lesbianas y por supuesto gays para obtener sus dosis de cariño y afecto.
Gupta dice que “construir una relación en Delhi es más difícil que en ninguna parte”. Lo suscribo.
No hay muñequitos gays para coronar tartas matrimoniales, como sí hay en el Soho de Londres. Por eso me ha encogido el estómago descubrir la foto que Sunil hizo al escaparate de la susodicha Patisserie Valerie. Tenía delante de las narices un postre por el momento imposible de catar donde ha nacido.
No todos pueden celebrar sus opciones personales.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada