Otra vez empresarios españoles en el hotel Taj. No en Bomb bay (como llaman ahora a Mumbai los periódicos sencionalistas), sino en Nueva Delhi. Porque business is business.
Miguel Sebastián, al frente de una comitiva de casi 50 empresarios españoles ha arrancado la rueda de prensa con un “No queremos ser sólo socios (partners) sino amigos (friends). Los primeros sólo están en los buenos momentos, los segundos también en los malos”.
El ministro de Industria, con bastantes ojeras pero un inglés digno, ha explicado que España también sufrió una masacre terrorista en 2004 y que podemos entender perfectamente el sentimiento de confusión, miedo y rabia por la que está pasando la India.
Y la mejor demostración de que apoyamos este país es que no se ha cancelado un encuentro empresarial planificado desde hace más de un mes por el ICEX (Esperanza quiso robar protagonismo viniendo antes).
Hay que seguir adelante y no dejarse dominar por el terror. Y el ministro homólogo indio, Kamal Nath, ha dado las gracias a las empresas españolas por su coraje. Varias de las que se vieron atrapadas en la pesadilla de Bombay hace 15 días han vuelto a pisar suelo indio.
España parece despertar de su letargo. Ahora vamos a por todas. Y más nos vale. Hace un año exportábamos un 19’5% de productos más a la India. Ahora es la India quien coloca un 36% más de sus productos en nuestros mercados.
Pero las exportaciones no son la prioridad. Lo que vamos a vender a la India es gestión (de su dinero, o sea bancos) e ingeniería civil para la construcción de vías ferroviarias, portuarias, e instalaciones de energías limpias. También centrales nucleares. Como suena. Todos los periodistas nos quedamos de piedra cuando escuchamos “energía nuclear”.
Sebastián defendió la postura española de apoyo al acuerdo de cooperación nuclear entre EEUU y la India (la India no ha firmado todavía el Tratado de No Proliferación).
Para nuestro Gobierno la India es el postre que todavía no hemos disfrutado (efectivamente el turrón guirlache, el mazapán de anacardos y las cuajadas de aquí son estupendas y no las conocemos).
Sebastián lo pinta así: la India es la novena potencia económica mundial, nos sigue los talones, algunos dicen que en quince años nos quitarán el octavo puesto, incluso superará. Es un país que ha crecido en los últimos 3 años a un ritmo del 9% y tiene un mercado de 1.3 billones de personas. Los trabajadores están cualificados y dominan el inglés.
Necesitan aumentar su capacidad energética de los 145 GW actuales a 800 GW para 2030. Y mejorar sus infraestructuras. Se rumorea la inmediata construcción de 6 líneas de tren de alta velocidad...
Nos necesitan. Porque si su nuevo mantra son las energías renovables, nosotros tenemos empresas líderes en energía eólica y solar. Tenemos por ejemplo una Ferrovial que administra los aeropuertos británicos y bastante experiencia en mercados globales.
Queremos atrapar esa presa apetitosa cuanto antes. Sebastián ha anunciado un montón de encuentros: Teresa Fernández de la Vega visitará la India en enero, Zapatero en primavera, se abrirá una Oficina de Turismo en Bombay, se inaugurará de una vez por todas el Instituto Cervantes en su sede oficial (ahora funciona en la Universidad), el protagonista absoluto del próximo ARCO será la India, y se sucederán los encuentros empresariales. ¿Será la India uno de los motores de nuestra economía a partir de ahora?
No quiero fastidiar tanto como los mosquitos de Nueva Delhi, pero la misma India que crece a un ritmo vertiginoso tiene 400 millones de habitantes viviendo en la más absoluta oscuridad, carreteras -incluidas las “autopistas”- donde se circula como mucho a 50 km/h, mafias que te cortan los cables de internet si contratas a la competencia.
Esto es el paraíso, pero de la economía sumergida: no hay ni de coña seguridad jurídica ni para las empresas, ni mucho menos para los consumidores y olvídate de las infraestructuras…
Como dice el prota de The White Tiger -un libro maravilloso que me tiene atrapada- “En la India hemos dejado de tener 1.000 castas o destinos para tener sólo dos opciones: comer o ser comidos”.
¿Quién comerá a quién?

El tigre Blanco, de Aravind Adiga
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