martes 24 de febrero de 2009

Los sueños de Bollywood y una chica de alcobendas



Slumdog Millionare es un brutal canto a la vida. Por eso ha arrasado en los Oscar.

Allah Rakha Rahman, el Mozart de Madras, creador de la música de esta fábula explosiva, dijo tras recoger dos de las preciadas estatuillas -mejor banda sonora y mejor canción- "a lo largo de la vida, cuando he tenido que elegir entre el amor y el odio he elegido siempre el amor, y por eso estoy aquí".

La película de Danny Boyle es eso: una prueba continua para escoger entre el odio y el amor.
Es la historia trepidante de cómo sobreviven a sus circunstancias, una niña y dos niños huérfanos, tres mosqueteros, de un barrio marginal de Bombay.

“La historia podría pasar en cualquier rincón del mundo”, añadió Rakka Rahman. Cierto. No sólo es un producto global, un maxmix indio y británico. Hay más.

El director de Trainspotting, no sólo retrata la India con la suficiente distancia, como Kean Loach hizo en Tierra y libertad. Boyle susurra a nuestros oídos: ¿Queréis ser millonarios?, ¿y si fuera mejor recuperar el amor de tu vida?

La Academia ha premiado un mensaje de optimismo contagioso muy americano, en un momento en que no levantamos la cabeza por la crisis: un don nadie puede llegar a ser alguien. La fortuna existe. Todos queremos que Jamal, Latika y Salim salgan adelante, aunque mientan, caigan en el fango de mil tentaciones. Aunque hagan mil veces el gilipollas.

Uno de los tres es decisivo. Su determinación, la de un humilde sirviente de té -un chai wallah- marca la diferencia necesaria para soñar. Y los Oscar del 2009 van de eso. De soñar.

Tal como ha hecho una chica de barrio, de Alcobendas, consciente de venir de un sitio donde conseguir un Oscar "no es realista”.



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