
Hoy no hablaré de Nueva Delhi, hoy os saco de paseo por Lavapiés, la India en Madrid, mi antiguo hogar y el de Iván Solbes, un ilustrador que conocí en Público.
Yo le encargaba con el teléfono pegado al cuello (y las manos libres para escribir, corregir, comer mandarinas, a la vez que con mis pies daba pataditas a los de Deportes para que dejaran de dar berridos) ilustraciones a un suspiro del cierre.
A pesar del reto y las prisas: “lo necesito ya”, él me enviaba a tiempo (mejor que otros consagradísimos ilustradores) dibujos que te obligan a hacer un break; de los que apetece mirar horas y horas…
El que dedicó a José Couso el 8 de abril del 2008 lo tengo grabado para siempre en la retina. Siempre he creído que todo se puede expresar con palabras, pero no. En ocasiones una imagen expresa mejor la desolación, la injusticia, la falta de sentido, la muerte.
Siendo vecinos y compis de trabajo decidimos vernos las caras en uno de esos días lluviosos en los que entiendes porqué tu barrio -trazado a trompicones entre callejuelas empinadas- se llama así.
Harta de vivir más en la calle Caleruega que en mi casa (así son los lanzamientos), Iván me esperó en la boca del Lobo con un regalo: una serigrafía de un chico y una chica dándose un beso. Es blanca y roja y desde lejos parece una mariposa.
Iván me ha hecho hoy otro regalo. Una caricatura donde parezco una diosa hindú y sonrío mientras practico Yoga. Yo soy una adicta al Bikram y estoy buscando en Delhi una escuela o un entrenador personal. Será un lujo asiático aprenderlo donde se inventó.
De momento ya puedo entregarme al multitasking con esos cuatro pedassso brazos que me ha colocado Iván. A lo mejor vosotros queréis también darle las gracias. Me refiero a los coleccionistas de las cajetillas de Nobel o de posters curiosos como el de las Olimpiadas en Lavapiés del que es coautor.
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