
En la India hasta lo más cotidiano deja sin palabras. Por ejemplo bañarse. No me refiero a sumergirse en el Ganges o frotar la espalda a un elefante. Me refiero a un acto más privado que todavía no se ha registrado en YouTube: el aseo personal de los compatriotas de Gandhi.
Por lo general no hay bañeras. Los cuartos de baño están equipados de espejo, retrete, calentador y una alcachofa desde la cual se desparrama el agua sin control.
Por lo general no hay bañeras. Los cuartos de baño están equipados de espejo, retrete, calentador y una alcachofa desde la cual se desparrama el agua sin control.
La primera vez que quieres darte una ducha crees estar en medio de un sueño surrealista. Uno de esos en los que sujetas la ducha en pleno salón o la cocina mientras hablas con tu madre o el vecino. Te estás lavando la cabeza y te sientes desconfortable porque en tu sueño los demás no se dan cuenta. “Que me dejéis solita por favor”. Ni caso.
Es una sensación extraña. Mitad agobiante, mitad juego. Cuando te das cuenta de que no hay plato de ducha, ni sumidero, y que estás poniendo todo perdido de agua, te preocupas por unos instantes. Pero enseguida te das cuenta de las ventajas. Puedes sentarte en el retrete y lavarte los pies. Puedes lanzar un chorro directamente al espejo, limpiarte a ti y el cuarto de baño.
¡Y te sientes tan bien! Como aquella vez en la que tuviste la genial idea de abrir el grifo de la bañera mientras tus amigos intentaban cantar una canción, con guitarra incluida, dentro.
Soy aquadicta. Siempre me gustó hacer ahogadillas a los pin y pon y a cualquiera que se me acerque en un sitio propicio para los chapuzones. Recuerdo la primera vez que me bañé vestida en Irlanda. Habíamos recorrido la isla de Inishmore en bici y al poner los pies a remojo, no pudimos evitar los empujones. Acabamos nadando y tiritando en el ferry de vuelta a Galway…
Seguro que más de uno ha sido arrojado al caño en las fiestas de su pueblo o tentado a visitar la piscina municipal por la noche. Ducharse en Nueva Delhi es otra de esas experiencias acuáticas alucinantes.
Es una regresión a los baños de palangana de nuestros abuelos. ¿A quién no le han metido alguna vez en la pila de la cocina o en un balde? Últimamente me pregunto qué diría mi yaya si pudiera verme llenando varios cubos de agua y aclarándome el pelo a cazos. Es delhicioso.
Jejej me he reido mucho con tu descripcion de la ducha...felicidades niña por el blog.
ResponderSuprimirKike Romero
Ni imaginas cómo eché de menos un plato de ducha. Por mi cumple fui a un Parador en Patiala y cuando ví que tenían bañera me emocioné y la directora del hotel (un antiguo Palacio de marajá) no daba crédito a mi entusiasmo. Dime Kike, ¿has ido alguna vez a la India o a algún país sin bañeras?
ResponderSuprimir