
“No madame, eso no es un elefante”. El manager del hotel en Jaipur se irritó bastante cuando le pedí una foto junto a Ganesh. Enseguida me sacó de la ignorancia: “Es una de las cinco deidades más importantes de la India”. Escondo la cámara, cruzando los brazos por detrás, e intento absorber la historia del dios elefante.
Resulta que la diosa Parvati se aburría en casa cuando su marido, Shiva, se ausentaba (imagino que bastante tiempo). Deseaba un poco de bullicio, como en cualquier hogar. Deseaba un hijo. Así que creó uno ella misma (mujer con iniciativa). Después de hacerse un peeling, “de sus propios deshechos” creó a su retoño (un hombre a partir de una mujer y no una mujer a partir de la costilla de un hombre, vaya novedad).
Parvati se sentía dichosa. Hasta que un fatídico día da instrucciones al chiquillo para que nadie la moleste mientras toma un baño. En esto regresa Shiva a casa y se encuentra a un mocoso desconocido que no le deja ver a su mujer. “No puedes pasar. Mi mami se está relajando en la bañera”. Shiva se mosquea y le corta la cabeza. Parvati sale de su sesión de spa y se da cuenta del estropicio. Monta en cólera. Llora. Le explica a su marido que ese pequeño mocoso era su hijo. Que lo hizo ella sola por puro aburrimiento.
Para enmendar su error Shiva busca desesperado una cabeza. Sale a la calle y se encuentra un elefante (aquí es de lo más normal). Antes de perder más tiempo corta la cabeza al paquidermo y con ella revive al hijo descabezado y le nombra guardián (gana) de su ejército.
El niño ya apuntaba maneras.

Tras esta explicación pido una vez más una foto junto a Ganesh. Mi obsesión por él ha crecido. A lo mejor por culpa del tráfico. Muchos coches llevan pegatinas naranja fosforito o estatuillas de él en el salpicadero. He interiorizado su imagen. De ese dios con orejas enormes para escucharte mejor, boca pequeña -discreta- y de un alma tan flexible como su trompa.
Ganesh simboliza el éxito frente a los obstáculos, pero sus atributos son contradictorios: Que su estómago es grande porque es sabio y digiere bien lo bueno y lo malo ¿No será que come demasiado o retiene los gases? Que si tiene un hacha en su mano para destruir cualquier cariño o apego. ¿No es eso lo que nos hace fuertes? La mayor contradicción es la mía; me atrae aunque yo sea lo contrario: tengo las orejas pequeñas, y en ocasiones hablo demasiado.
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