lunes, 16 de marzo de 2009

Sin cables y a lo loco



Si los ordenadores con internet proyectaran un túnel de energía, igual que las personas en Donnie Darko, vuestra pantalla os daría un puñetazo. Ahora mismo, una maraña de wifis y redes os rodea, os envuelve, os fagocita. En casa o la oficina. No hay escapatoria.

En Nueva Delhi es diferente. Aquí se vive sin cables y a lo loco. Y si los tienes te los cortan o roban. Aprovecho para hacer un alegato a favor de este blog. Fue épico ponerlo en marcha.

Primero un virus informático me dejó a dos velas. Formatearon el portátil y el pobrecito balbuceaba tras semejante lobotomía -lo acaricio, no vaya a ser que con este post le entren pesadillas-.

Luego vino la lucha para conectarme en el cibercafé con mi propio portátil. Sin eñes palabras como cumpleaños acaban siendo un mal chiste. Mientras reparaban la conexión en casa aprendí a surfear rodeada de chicos mirones y personal plasta.

Pasaban los días y los técnicos de Tata Indicom nos daban esquinazo. Cada día una excusa. La más rara: “alguien se llevó los cables y la casa de al lado no nos permite instalar una nueva red”. En la India los cables trepan con vigor cual lianas de Tarzán sobre la fachada, y es difícil saber quién paga la electricidad de quién. Un cable más o menos poco puede importar. Me olía a chamusquina.

Intentamos contratar una conexión usb, pero a los guiris no les dejan. Necesitas el DNI de un amigo, y no sólo de él, el de su padre, y casi-casi que de todo el árbol genealógico. Así que tiras la toalla asqueado y cansado, medio loco y sin cables. Y cuando te rindes, de charla con una vecina, te enteras de la verdad: en tu barrio Sifi tiene el monopolio de internet. Si contratas otra compañía te cortan los cables.

Culpa mía por haber sido tan miope. No presté atención a un cartel en la calle que lo decía bien clarito: “If you don’t want to wait, used Sifi”.



Ps: Sin cables y a lo loco es uno de mis blogs favoritos. De una chica de Barna que sobrevive en Madrid, y se escapa cuando puede a Asia. Fue una suerte coincidir con ella en una redacción.


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