miércoles 4 de febrero de 2009

Brumm, Brummmm


Hay un cartel muy especial junto al Mercado de Aurobindo al sur de Delhi. Es enorme. Y como el toro de Osborne atrapa la mirada.

En él una jovencita subida a una scooter sonríe y exclama why should boys have all the fun? sobre un fondo de color verde pistacho, naranja y rosa.

Las vespas femeninas, Pep, Pleasure o Wave son un éxito de ventas. Ellas se pirran por los concesionarios exclusivos para mujeres. Y muchos chicos las compran por una serie de ventajas: son máquinas de 100 CV ultraligeras, fáciles de aparcar, con accesorios para mayor confort: luces dentro del trasportín y junto al encendido -para no andar a tientas por la noche- o cargador de móviles, ahora que es casi un crimen quedarse sin batería y no estar localizable.
En Chandigarh -una ciudad diseñada por el arquitecto suizo Le Corbusier, de anchas avenidas trazadas en perfectas cuadrículas, con sus correspondientes carrilbici, parques a doquier y un lago como el de Ginebra o Lausana- cerré el círculo. Allí me topé con un puñado de chicas motoristas de carne y hueso. Era una imagen de la India moderna. Esa que te sorprende en cualquier esquina. Cuando menos lo esperas.
Mientras saboreo mi primer zumo de caña de azúcar reparo en ellas, la personificación de mi cartel favorito en Delhi. Sonríen y charlan por los codos. Unos chicos de Kerala intentan ligar con ellas, pero les ignoran. Antes de que arranque nuestro bus turístico ellas se piran en sus motos. Como la publicidad de HeroHonda parecen decir: “¿Por qué íbamos a ir con vosotros si nosotras ya lo pasamos bien?”.

Se alejaron y un trocito de mí se fue con ellas.


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